De entre los principales exploradores polares, permítanme que empiece esta sección de literatura polar con la biografía de un grande, uno de los más admirados y que, con sus descubrimientos, dio pie a importantes avances en diversas disciplinas, no solo cartográficas, también científicas. Les hablo de Roald Amundsen, un hombre amante de los hielos, como reza el subtítulo del libro de Mar de Ventura, del que les hablaré a continuación.
De Ventura, M. Roald Amundsen, la extraordinaria vida de un hombre amante de los hielos. Madrid: Edimat Libros S.A., 2004.
De entre los pasajes más interesantes de la obra yo destacaría dos, el titulado como la gran gesta y el que trata sobre la vuelta a casa de la expedición tras alcanzar el Polo Sur.
En el primero de ellos, se hace referencia a las palabras que Amundsen expresó el 14 de diciembre de 1911 tras haber alcanzado los 90º de latitud Sur, junto a los cuatro hombres de la expedición que le acompañaron por suelo antártico. Debía ser honrado, se dijo, y admitió que no había conocido ninguna otra persona que estuviese en la vicisitud de tener que escoger un objetivo tan diametralmente opuesto a sus deseos:
"Las regiones del Polo Norte me han atraído desde la infancia, y heme aquí, en el Polo Sur. ¿Puede imaginarse una situación más trastocada?"
Por aquel entonces llegó la noticia de que el Polo Norte Geográfico había sido alcanzado y como Roald Amundsen ya tenía lista la expedición hacia allá, tuvo que improvisar y, sin previo aviso a su tripulación, dirigirse hacia el Polo Sur Geográfico, en el extremo meridional del eje de la Tierra.
El segundo pasaje del que les quiero hablar es del texto que incluye Mar de Ventura sobre una carta escrita por Amundsen y dirigida al Capitán Scott, que lideraba la otra expedición por aquel entonces con el mismo objetivo, la conquista del Polo Sur. Con un “Querido Capitán Scott…” empezaba aquella breve epístola y que concluía “con mis mejores votos, le deseo un feliz viaje de regreso. Sinceramente suyo. Roald Amundsen”. Lamentablemente, esos deseos no fueron suficientes para que Robert Falcon Scott acabase su expedición con vida.
Es de agradecer que se incluyan cuatro interesantes apéndices que permiten al lector tener el contexto que envuelve la vida del explorador noruego. Estos apéndices se basan en cronologías que comparan las hazañas de Amundsen con las de otros exploradores y donde se pueden conocer las principales expediciones polares a las regiones árticas y antárticas. Uno más, como cierre de la obra, transcribe el Tratado Antártico firmado en Washington el 1 de diciembre de 1959 por los gobiernos de 12 países (Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Sudáfrica, la URSS, Reino Unido y Estados Unidos). Todos ellos habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida y sus alrededores durante el Año Geofísico Internacional (AGI) de 1957-1958. El Tratado entró en vigor en 1961 y actualmente las partes suman 53 países.
Estas son apenas unas pinceladas de las interesantes historias que descubrirán en Roald Amundsen, la extraordinaria vida de un hombre amante de los hielos. Les animo a que se sumerjan en esta obra de Ventura y que se vayan familiarizando con nombres, gestas, fechas y artilugios. Estos se irán repitiendo en sucesivas obras literarias de exploraciones polares y en las que un bagaje previo les resultará de gran ayuda.
* Portada de Roald Amundsen, la extraordinaria vida de un hombre amante de los hielos / MRR
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